The handmade magic of “Cartonera” books: a feast for the eyes, a lift for the soul!

Memphis Cartonera: Cooperative Publishing, Art & Action
Exhibit at Rhodes College, Clough-Hanson Gallery
Opens Fri., Jan. 27, 2017 (5-7pm), through Mar. 18.
Artist-in-Residence: Nelson Gutiérrez

An extravaganza of color, lettering, images, and textures, these books want you to judge them by their covers. On a base of the plainest possible material—corrugated cardboard, repurposed from boxes and packaging—a delightful festival of creativity leaps out at the viewer.

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What’s inside those covers? Some of the stories are original. Some are classics in the public domain. Some brim with illustrations, some are for coloring. The variations are endless. But the covers are all made of recycled cardboard, with hand-painted titles and artwork. Each one’s a personal statement—a true original.

Introducing the “Cartonera” (from the Spanish word for cardboard) phenomenon! This truly grassroots movement was born in Argentina during the early 2000’s economic crisis. Cartoneras are cooperative, neighborhood-based publishing ventures. They’ve spread throughout Latin America.

Now the movement has caught on here with the founding of “Memphis Cartonera” by Rhodes College students and local nonprofits. Dr. Elizabeth Pettinaroli, a Spanish literature and language professor at Rhodes who conducted field research on cartoneras in Argentina, Chile, Uruguay, and Paraguay, has coordinated these efforts and led the mobilization of community partners.

These partners have included Centro Cultural (Cartonera comics), Cazateatro Bilingual Theater (Cartonera for adults/kids), Danza Azteca Quetzalcoatl (Spanish/Nahua poetry workshop), Refugee Empowerment Program (kids afterschool program), Latino Memphis/Abriendo Puertas (high-schoolers workshop), Caritas Village (Cartonera photo books for afterschool reading program).

It’s about rethinking art and literature’s place in our lives, fostering creativity, literacy, and sustainability.

A chance to learn more, talk with participants, and enjoy viewing some of the creations so far will be at the opening of a two-month-long exhibit Fri., Jan. 27 (5-7pm) at Rhodes College’s Clough-Hanson Gallery.  Nelson Gutiérrez will be the artist-in-residence throughout the exhibit. For more about the opening and a series of other activities, including workshops and talks by artist Gutiérrez, an info session on zines, and other events, please visit https://www.facebook.com/events/754637584693600/

Further info: Dr. Elizabeth Pettinaroli, 901-843-3828, pettinarolie@rhodes.edu. Sponsored by Rhodes College.

memphis-cartonera-letras-2017-01-26

What good translation is “for”!

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Dear reader,

 “Latinos para Trump” read signs at the GOP Convention. Clearly it meant “Latinos for Trump” but it didn’t say that: Spanish para can mean “for” but it’s not the same “for” used to indicate support of a candidate. (An even more unfortunate version of the sign, also seen at the convention, was  “Hispanics para Trump” which didn’t even use the Spanish word for “Hispanics”: hispanos.)

Latinos-Hispanics para Trump

Scenes from the Republican Convention held in Cleveland, Jul. 18-21, 2016.

The preposition para mainly means “for the purpose of, in order to, to be used by.” Papel para fotocopiadora, “paper for  photocopier, photocopy paper”; vegetales para ensaladas, “vegetables for salads, salad greens.”

“Latinos para Trump” says something like “Latinos to be used by Trump.” It should read: Latinos por (or con) Trump.

(We’ll revisit por/para again in the near future.)

The mistranslation unintentionally said some other things, too: “This sign was not made by a Latino” or (more accurately) “was not created by a native Spanish speaker.” Even worse: “We don’t care about Latinos, we just want their votes.”

Poor translation is poison: it undermines your message; makes you look foolish; and sends adverse signals—the worst being, “We don’t care enough to do this right.”

Every time an organization assigns a translation to some employee who happens to (it is believed) “speak Spanish,” the result will almost certainly be unfortunate—and maybe deadly: imagine the mistranslation of a safety warning!

Few of us would let our brother-in-law “who fools around with electrical stuff” do the wiring of our house. Or have the neighbor who once took a CPR course operate on our liver. But, in essence, that’s what’s routinely done with translation (and its spoken cousin, interpreting). These are professional, technical skills requiring training and experience, not something you can do just because you (sort of) know a second language—and not even just from being bilingual.

¡”Por” algo hay que traducir bien!

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Querida lectora o lector,

“Latinos para Trump” rezaban los carteles en la Convención del Partido Republicano esta última semana. Obviamente debería haber sido “Latinos por Trump” o “Latinos con Trump”. Quien confeccionó el cartel no se dio cuenta de que “para” no es la traducción correcta de la preposición for en la frase en inglés, Latinos for Trump. (Otra versión del cartel que se vio por ahí era más desatinada aun: “Hispanics para Trump”!)

Latinos-Hispanics para Trump

Escenas de la Convención del Partido Republicano de EEUU, celebrada en Cleveland, Ohio del 18 al 21 de julio 2016.

El significado principal de “para” es “a fin de, destinado a, para consumo o uso de”. Así decimos “papel para fotocopiadora” ó “vegetales para ensalada”. “Latinos para Trump” entonces, es como si se dijera, “Latinos a ser usados por Trump”.

Sin querer, el error comunicó otras cosas también: “Quien hizo este cartel no es latino” ó (mejor dicho) “no es hispanohablante nativo”. Peor aun: “No nos importan los latinos, sólo queremos sus votos”.

La mala traducción es veneno. Socava el mensaje de uno, lo hace quedar como tonto y transmite señales poco afortunadas—sobre todo esta: “Esto no nos importa lo suficiente como para hacerlo bien”.

Cada vez que una organización le asigna una tarea de traducción a algún empleado sin otro antecedente ni calificación que el de (presuntamente) “hablar español”, el resultado casi seguro será embarazoso o peor.  Incluso, tal vez, fatal: imagine sin más el caso de la traducción de un manual de seguridad.

¿Quién dejaría que su cuñado que “hace pinitos en cosas de electricidad” haga el cableado de su casa? ¿O que el vecino que una vez tomó un curso de primeros auxilios le opere al hígado? Sin embargo, es lo que se hace frecuentemente con la traducción (y su contraparte oral, la interpretación). Se trata de destrezas profesionales, técnicas, que exigen estudio, capacitación y experiencia. No es algo que se pueda hacer sólo porque uno “más o menos” sabe un segundo idioma—ni aun, siquiera, por el hecho de ser bilingüe.

¡Buenas palabras! Good words!  

Pablo

Copyright  ©2016 by Pablo J. Davis.  Se reservan todos los derechos. Una anterior versión de este ensayo apareció originalmente en la edición del 31 julio al 6 agosto 2016 de La Prensa Latina(Memphis, Tennessee), como la entrega número 191 de la columna semanal bilingüe “Misterios y Engimas de la Traducción/Mysteries and Enigmas of Translation”.  Pablo Julián Davis, PhD, CT es Traductor Certificado por la ATA (American Translators Association), inglés>español, e Intérprete Certificado por los Tribunales del Estado de Tennessee inglés<>español, además de entrenador en los campos de la traducción, interpretación y competencia transcultural. Es doctor en Historia de América Latina por la Universidad de Johns Hopkins, y actualmente candidato al Juris Doctor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Memphis (mayo 2017).

Luna y lengua

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Esta última semana trajo no solamente luna llena (o, agraciadamente, “plenilunio”), ingl. full moon, sino también un eclipse lunar penumbral.  La mayoría estamos muy alejados del campo, y del otrora hechizo ejercido por el cielo nocturno… pero nuestra compañera celestial no ha perdido el poder de abrumarnos con su belleza.

Las lenguas humanas dan fe de la huella profunda dejada por nuestro único satélite natural. En estas líneas, echaremos un breve vistazo a esa huella, a través de palabras y frases, en español e inglés principalmente.

penumbral lunar eclipse march 2016La casualidad de que Luna (Moon, en inglés) y Sol (Sun) tengan el mismo tamaño aparente en el cielo terrestrial, sin duda ha contribuido a que las culturas humanas los vean como pareja, encarnando dualidades como macho/hembra, oro/plata,  noche/día. La asociación luna-hembra es profunda: las fases lunares tienen su eco en el ciclo menstrual femenino.

El “lunes” (lundi, francés; lunedì, italiano) es su día; “Monday” en inglés (Montag, alemán). El “mes” (de mensis, latín), o month en inglés, también llevan su impronta.

Otro lazo: luna y locura. El loco es “lunático” (lunatic). En inglés coloquial se le dice looney (LU-ni) y looney bin (la caja de los locos) es un psiquiátrico.

En inglés, to moon es andar penando por un amor no correspondido (un uso algo arcáico), o enseñar las nalgas como burla o insulto.

“Lunar” por marca o mancha en la piel (birthmark en inglés) se debe a una antigua creencia en la influencia de la luna. En inglés, como no hay equivalente por alunizaje, se dice “Moon landing.”

El poder del “claro de luna” (moonlight) sobre los jóvenes amantes es archiconocido y los poetas y letristas han sido sus cómplices durante siglos.

La curiosa palabra “sublunar” significa “terrestre, mundano.” En un sermón del siglo 18, Samuel Johnson llama a quienes lo oigan a que “se despidan de las vanidades sublunares” y que en lugar de éstas, “con corazón puro y fe constante, teman a Dios y guarden sus mandamientos”.

Una anterior versión de este ensayo apareció originalmente en la edición del 27 de noviembre al 3 de diciembre de 2015 de La Prensa Latina (Memphis, Tennessee), como la entrega número 158 de la columna semanal bilingüe “Misterios y Engimas de la Traducción/Mysteries and Enigmas of Translation”.  Pablo Julián Davis, PhD, CT es Traductor Certificado por la ATA (American Translators Association), inglés>español, e Intérprete Certificado por los Tribunales del Estado de Tennessee inglés<>español, además de entrenador en los campos de la traducción, interpretación y competencia transcultural. Es doctor en Historia de América Latina por la Universidad de Johns Hopkins, y actualmente candidato al Juris Doctor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Memphis (mayo 2017).

Ladybug, ladybug, don’t fly away!

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Dear reader:

We’re used to thinking of cultural difference.  But some things in this world are so inherently beautiful that people everywhere, and always, seem to have loved them. To name a few: butterflies, roses, kites, rainbows.

Este diminuto insecto, ¿puede que sea amado por todas las culturas humanas?

Is it possible that this little insect is loved by all human cultures?

A small, flying insect, usually red and spotted—English “ladybug,” Spanish mariquita (little Mary), vaquita de San Antonio (St. Anthony’s little cow), and other names—also has a strong claim on membership in this select group.

The English and Spanish names are subtly linked: the “lady” in “ladybug” seems to refer to the Virgin Mary.

Some others: French la bête à bon Dieu (the good Lord’s bug), Russian bozha kapovka (God’s little cow), Dutch lieveheerbeestje (the dear Lord’s little animal), Yiddish moyshe rabbeynus ferdele (or) kiyele (Moses’s little horse, or little cow).

Why this affection so strong it often crosses into the sacred? The ladybug’s pretty colors are not unlike a butterfly’s; the spots remind us of cows.  Ladybugs readily rest or walk on a human hand.  And mariquita, a farmer’s friend, eats such agricultural pests as the aphid.

Some religious traditions, like Judaism, shrink from naming the Deity, so the prophet Moses is used instead. Spanish also steers clear of God in naming this insect, displacing to the Virgin or St. Anthony.

Maybe the ladybug is one of those utterly joyous things whose contemplation once moved Robert Louis Stevenson to write: The world is so full of a number of things/I’m sure we should all be as happy as kings.

             ¡Buenas palabras/Good words!

Pablo

Pablo Julián Davis, PhD, CT is a Certified Translator (ATA/American Translators Association) eng>spa and a Certified Interpreter (Tennessee State Courts) eng<>spa, as well as a recognized trainer in the fields of translation, interpreting, and cultural competence. He has over 25 years experience in these fields. An earlier version of this column was written for the Jan. 24-30, 2015 edition of La Prensa Latina (Memphis, Tennessee) as part of his bilingual weekly column Mysteries & Enigmas of Translation/Misterios y Enigmas de la Traducción.  

 

La queridísima mariquita… y sus muchos nombres

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Querida lectora o lector:

Estamos acostumbrados a pensar en las diferencias culturales. Pero este mundo tiene algunas cosas tan hermosas que, al parecer, en todas partes y en toda época la humanidad las ha amado: la mariposa, la rosa, la cometa, el arcoíris.

Este diminuto insecto, ¿puede que sea amado por todas las culturas humanas?

Este diminuto insecto, ¿puede que sea amado por todas las culturas humanas?

Un diminuto insecto volador, usualmente colorado con manchitas—la “mariquita” o “vaquita de San Antonio” entre otros nombres en español, ladybug en inglés—bien puede reclamar su puesto en este grupo tan selecto.

Los nombres en inglés y en español tienen una sutil conexión: lady (dama, señora) sería por la Virgen.

Algunos más: la bête à bon Dieu (francés: el bichito del buen Señor), bozha kapovka (ruso: la vaquita de Dios), lieveheerbeestje (holandés: el animalito del buen Señor), moyshe rabbeynus ferdele (o bien) kiyele (idish: el caballito, o la vaquita, de Moisés).

¿Por qué este cariño tan intenso que suele entrar en el terreno de lo sagrado? El colorido se parece al de la mariposa y las manchas nos recuerdan a la vaca. Caminan sin miedo sobre nuestras manos. Y consumen plagas agrícolas como los áfidos.

Algunas tradiciones (como la judía) rehusan nombrar al Señor: de ahí el uso de Moisés. El español, de modo similar, emplea el nombre de la Virgen o de San Antonio.

Esta bendita criaturita fue, tal vez, una de las alegres inspiraciones de la sentencia de Robert Louis Stevenson, The world is so full of a number of things/ I’m sure we should all be as happy as kings, que traduzco así: “El mundo tiene tanta cosa maravillosa, que toda alma debería ser dichosa.”

             ¡Buenas palabras/Good words!

Pablo

Pablo Julián Davis, PhD, CT es Traductor Certificado por la American Translators Association (Asociación Norteamericana de Traductores) ing>esp, e Intérprete Certificado por la Suprema Corte de Tennessee ing<>esp. Una versión anterior de este ensayo fue escrita originalmente para la edición de La Prensa Latina (Memphis, Tennessee) del 24 al a 30 de enero, 2015, como parte de la columna bilingüe semanal Misterios y Enigmas de la Traducción/Mysteries & Enigmas of Translation.

 

How to work with an interpreter

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If you’re a patient or physician, attorney or client, it’s quite probable that at one time or another you’ll use the services of a foreign-language interpreter. Some ideas and suggestions to keep in mind:

  1. An interpreter converts spoken dialogue from one language to another, a translator with written text. Two separate professions, two distinct sets of skills (though there are professionals who perform both, at a high level).
  2. Whenever possible, use the services of a professional interpreter certified by one of the following: Legal: The Supreme Court of your state (Certified is the highest level, while Registered means the person has not passed all of the required examinations), the Federal Courts, or NAJIT. Medical: IMIA, CCHI, or NBCMI. (The ATA certifies translators.) These certifications represent an important level of reliability and professionalism. And they can be verified; falsely claiming certification is fraud—an illegal act.
  3. It’s very common for bilingual children or friends to be used as interpreters. In legal and medical matters particularly, this is not advisable. There’s too much at stake to leave things in amateur hands. And there are issues that minor children should not be hearing and interpreting.
  4. Though it doesn’t feel natural, make every effort to look into the eyes of the person you’re talking to, of addressing them directly as “you”—almost as if the interpreter weren’t there. The interpreter is part of the interaction, facilitating your conversation, but is not part of the conversation, so you shouldn’t look at the interpreter and say, “Tell the doctor that…”  The interpreter must use the first person, “I” (Spanish yo) except when speaking for him or herself, and then it’s the third person: “The interpreter wishes to clarify…”
  5. There are two main modes of interpreting: consecutive and simultaneous. In consecutive, an individual speaks, then pauses while the interpreter interprets what was just said. If you’re using consecutive interpreting, it’s important that you keep your sentences short, so that the interpreter can be as accurate and complete as possible. If you’re stating numbers, addresses, or dates, say them slowly. In simultaneous interpreting, the interpreter conveys what’s being said in “real time”; a skilled professional interpreter can keep up with the pace of the person, or persons, for whom he or she is interpreting, usually with just 1 or 2 seconds’ delay.
  6. Interpreting is one of the most complex activities the human brain can perform. The pressure on the interpreter is great, especially in the legal and medical fields, and is mentally and physically exhausting. Respect the interpreter’s need for breaks (or the interpreters’ need, if the interaction is lengthy and there is more than one interpreter assigned to it), not just out of concern for that person’s health, but also in order to assure the highest possible level of work.
  7. If you’re unsure a word was interpreted (translated) correctly, just politely ask to go back to it.
  8. If the interpreter pauses to ask a question or get clarification of a particular point, don’t be alarmed: almost always, that is a sign of professionalism.
  9. If the interpreter’s utterances are significantly shorter, or longer, than those of the persons being interpreted, there could be a problem. The interpreter is not supposed to give a summary of what was said, nor embellish or add to it. It’s not a matter of the word count or timing being exactly the same, but the length and degree of detail between the original language and the interpreter’s version should be roughly comparable.

Pablo Julián Davis, PhD, CT, has more than 25 years of professional experience as interpreter and translator. As an interpreter, he is Certified by the Supreme Court of Tennessee and has passed the Federal Courts’ Written Examination. He performs varied interpreting work, with a legal/judicial specialization as well as work in medical and other fields. As a conference interpreter, he has worked with distinguished world personalities including Rigoberta Menchu Tum (Nobel Peace Prize laureate), theologian Ada María Isasi-Díaz, journalist David Bacon, the late writer Julio Cortázar, and others.

Cómo trabajar con un intérprete

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Si usted es paciente o médico, cliente o abogado, es muy probable que en algún momento use los servicios de un intérprete. Algunas ideas y consejos al respecto:

  1. “Intérprete” es quien convierte el diálogo hablado de una lengua a otra, “traductor” quien lo hace con textos escritos: dos oficios separados, dos destrezas bastante distintas (aunque hay profesionales que se desempeñan en ambos campos, a alto nivel).
  2. Utilice en lo posible, a un intérprete profesional, certificado por: Legal: La Suprema Corte de su estado (Certificado es el nivel más alto, Registrado significa que la persona no ha aprobado todos los examines necesarios), los Tribunales Federales ó NAJIT. Médico: IMIA, CCHI ó NBCMI. (La ATA certifica a traductores en particular.) Estas certificaciones conllevan un nivel de confiabilidad y profesionalismo importante. Además, pueden verificarse; representarse falsamente como certificado, constituye el delito de fraude.
  3. Es muy común usar a hijos o amigos bilingües como intérprete. En asuntos legales o médicos, particularmente, esto no es nada aconsejable. Hay demasiado en juego para dejar la cosa en manos de amateur. Además, hay asuntos que los hijos menores no deberían estar oyendo y tratando.
  4. No se siente muy natural, pero haga el esfuerzo de mirarle a los ojos a la persona con quien está hablando, de tratarlo directamente como “usted”—casi como si el intérprete no estuviese allí.  El intérprete es una parte fundamental de la interacción, pero en sí no es parte de la conversación. Por lo tanto, no le hable al intérprete, ni le diga, “Pregúntele a la doctora si…” El intérprete debe usar la primera persona, “Yo” (en inglés, I), salvo que, al hablar por sí mismo, debe usar la tercera persona: “El intérprete quiere aclarar…”
  5. En la interpretación, hay dos modalidades principales: la consecutiva y la simultánea.  En la consecutiva, un individuo habla, luego pausa y el intérprete interpreta lo que acaba de decir ese individuo. Si se está haciendo interpretación consecutiva, es importante que usted use frases cortas, para que el intérprete pueda ser lo más exacto posible. Si dice números, direcciones o fechas, trate de pronunciarlos despacio.  En la interpretación simultánea, se interpreta en “tiempo real” todo lo que se dice; un intérprete profesional capacitado puede mantener un ritmo igual a la persona o personas a quienes interpreta, con sólo 1 o 2 segundos de demora.
  6. La interpretación es una de las actividades más complejas que puede desarrollar el cerebro humano. La presión sobre el intérprete es grande, especialmente en los campos legal y medico, y el trabajo es mental y físicamente agotador. Respetar la necesidad de descansos por parte del intérprete, o, si el encuentro es largo, de los intérpretes, es importante no solamente por la salud del profesional, sino también para asegurar un nivel de trabajo lo más alto posible.
  7. Si duda de cómo se interpretó (tradujo) alguna palabra, pida amablemente que se repita.
  8. Si el intérprete toma una pausa para hacer una pregunta, o para aclarar alguna duda, no se asuste: esto es casi siempre una señal de profesionalidad.
  9. Si lo dicho por el intérprete es mucho más corto, o mucho más largo, que lo que dijo usted u otra persona, puede haber un problema. El intérprete no tiene que dar un resumen de lo dicho, ni tampoco embellecer ni agregar nada. No se trata de que el número de palabras sea exactamente igual, pero el largo y el nivel de detalle entre el enunciado original y la interpretación deben guarder una relación aproximada.

Pablo Julián Davis, PhD, CT, cuenta con más de 25 años de experiencia profesional en interpretación y traducción entre inglés y español. Como intérprete, es Certificado por la Suprema Corte de Tennessee y ha aprobado el examen escrito de las Cortes Federales. Desarrolla una labor variada, con especialización en lo legal y judicial, además del campo médico y otros. Le ha tocado interpretar a distinguidas personalidades a nivel mundial, entre ellas Rigoberta Menchú Tum (Premio Nobel de la Paz), la teóloga Ada María Isasi-Díaz, el periodista David Bacon, el escritor Julio Cortázar y otros.

Herencia hispana: por qué importa el español

La Mezquita, or Cathedral-Mosque of Córdoba, southern Spain, is considered one of the treasures of humanity and is a UNESCO World Heritage Site. Its majestic geometry embodies the encounter of Africa, Europe, and Asia that unfolded in complex ways in medieval Spain and helped shape the modern Spanish language.

La Mezquita y Catedral de Córdoba, en el Sur de España, se considera uno de los tesoros de la cultura humana y está entre los sitios de Patrimonio Mundial de la UNESCO. En su majestuosa geometría, logra plasmar el complejo encuentro de Áfria, Europa y Asia que se fue desarrollando a lo largo del Medioevo ibérico, y que influyó profundamente en la evolución de la lengua española moderna.

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Es fuerte el predominio del español entre las lenguas extranjeras en Estados Unidos. Lo estudiaban 865,000 universitarios en el 2009; lo seguían el francés (216,000) y el alemán (96,000). El español convoca a más alumnos que todas las demás lenguas extranjeras juntas. En los grados K-12 (para usar el término norteamericano) de las escuelas públicas, las cifras son aun más abrumadoras: en 2007-08, 6.4 millones de alumnos cursaban español (el 72% de todos los estudiantes de lenguas extranjeras) al lado de apenas 1.3 millones para el francés en el segundo puesto.

¿Por qué se estudia tanto “la lengua de Cervantes” en EE.UU., si bien no siempre con un éxito rotundo? A continuación, algunas de las motivaciones más comunes:

Una población grande y creciente. La población hispanohablante de EE.UU., más de 40 millones, sobrepasa a las de la casi totalidad de los países hispanos. Para muchos norteamericanos, las cifras del Censo de por sí demuestran la importancia del español y subrayan la conveniencia de aprenderlo. Por no hablar de la geografía, que ubica al país hispano más poblado del planeta en la frontera sur de EE.UU. y millones de hispanohablantes más en las Antillas, a poca distancia de las costas de la Florida.

Servicio comunitario.  Gran número de jóvenes de nobles ideales buscan aprender el español para poder desarrollar actividades de servicio a la comunidad inmigrante, en áreas tales como alfabetización, salud, asesoramiento legal y educación, o bien en misiones de fe religiosa. A su vez, estas interacciones devienen en muchos casos un vehículo para el “aprendizaje en servicio”, donde lo aprendido en el salón de clases se somete a la enriquecedora prueba de la experiencia real.

¿Lengua “fácil”?  La percepción del español como de fácil aprendizaje está muy difundida. De hecho, los universitarios norteamericanos típicamente lo ven como el modo más accessible de llenar el requisito de lengua extranjera de su institución. Es una verdad a medias: indudablemente, el español es una maravilla de consistencia gramatical y fonética, debido en gran medida a la Gramática de Nebrija (año 1492), una de las más tempranas para cualquier idioma moderno, como asimismo la fundación en 1713 de la Real Academia Española. Pero alcanzar un verdadero dominio de la lengua, ni remotamente puede considerarse tarea fácil.

¿Una lengua “cómica”? La frecuente fascinación con el llamado “Spanglish” —la incorporación de palabras y estructuras del ingles en el habla inmigrante— interpreta como cosa rara un fenómeno completamente natural cuando entran en contacto poblaciones con diferentes idiomas. Es un recurso lingüístico, no un dialecto ni mucho menos un idioma propio. El fenómeno inverso, bastante distinto, es el llamado “Faux Spanish” (falso español) entre angloparlantes: con frases como “no problemo” (no hay problema), “perfectamundo” (perfecto, perfectamente), “mucho macho” (muy macho, machote o hasta machista) y “el grande jefe” (gran jefe), transmite una actitud entre juguetona y burlona hacia el español y quienes lo hablan.

Lengua de trabajadores e inmigrantes. Muchos norteamericanos asocian el español con inmigrantes pobres, en muchos casos indocumentados  —percepción comprensible a la luz de las obsesiones mediáticas y políticas en la actualidad, y tal vez de la experiencia directa de muchas personas. Desde esta perspectiva, la utilidad del idioma pasa por la comunicación con los trabajadores, o por su supervisión en el lugar de trabajo. ¡Pero no se trataría en todo caso de un idioma “serio”, absurda noción expresada no hace mucho tiempo atrás por una prestigiosa escuela privada de Virginia que en su sitio web se jactaba de ofrecer, por razones de “rigor academic”, solamente francés! Una premisa similar animaba al juez que, en sonado caso de agosto de 1995 en un juzgado de familia de Amarillo, Texas, ordenó a una inmigrante mexicana que dejase de hablar con su hija de cinco años en español, lengua cuyo uso constituía “abuso infantil” y que condenaría a la niña a un futuro “de sirvienta”. (Tanto la escuela como el juez dieron marcha atrás posteriormente, tras sufrir sendas avalanchas de críticas públicas.)

Una cultura “pintoresca”.  En Estados Unidos, es común oir expresiones de fascinación por la cultura hispana, pasando éstas muchas veces por la salsa (cocina) y la salsa (música y danza). Sin lugar a dudas, hay muchísimo interés sincero. A la vez, con adjetivos como “colorido”, “pintoresco”, “simple” y “exótico” se pinta un mundo hispano de campesinos, de vida rural y pueblerina, de una vida sumergida en “la tradición”. Esta perspectiva puede, sin querer, terminar por situar a los hispanos o latinos en un pasado primitivo, incluso fuera del tiempo. En otra perspectiva común, el español es visto como lengua de lugares adonde van muchos universitarios durante el receso de primavera, y otros turistas, a hacer “vida loca”. Se trata, en muchos casos, de lugares que, en un pasado, Estados Unidos conquistó, ocupó o dominó. De hecho, es ésta la otra cara de la moneda de “la lengua de trabajadores ilegales”. Una larga historia de relaciones de poder  ha sembrado hábitos de pensamiento fuertemente arraigados.

*    *    *

¡Tamaña mezcla de razones y motivaciones (y es sólo un muestreo)! Aquí hay una sincera inquietud por conocer otras culturas,  el llamado al servicio, la fe y el amor a la justicia. Al mismo tiempo, nos topamos en cierta medida con la romantización simplona, la condescendencia y agendas del poder.

Hay otras razones para estudiar y buscar profundizar el dominio del español, factores clave de su importancia de la lengua y de su aprendizaje, en estos comienzos del siglo 21.

Una lengua global. El español ya ocupa el segundo puesto entre los idiomas del mundo, de acuerdo al número de hablantes nativos, excedido sólo por el chino mandarin. Más de 410 millones de personas (más de 1 de cada 20 seres humanos) lo tienen como primer idioma, más que el inglés que ocupa el tercer puesto con unos 360 millones —aunque el inglés salta adelante del español si se cuenta a aquellos que lo hablan como segundo idioma. El portugués (al que me gusta llamar la lengua “melliza” del español, proximidad que el inglés no goza con ninguna lengua viva) tiene más de 220 millones de hablantes nativos, en su mayoría en la ascendente potencia que es el Brasil. Los hispanohablantes comprenden en buen grado el portugués y de por sí cuentan con un “envión” natural al abordar su aprendizaje.

Potencia económica. Los 53 millones de hispanos en EE.UU. (¡1 de cada 6 personas!) gastan unos $1.3 trillones (o sea millones de millones) anualmente y el producto bruto interno (PBI) de los países hispanos es de $3.4 trillones, igual a la potencia industrial que es Alemania. Si incluimos a la república hermana del Brasil, la cifra asciende a $5.9 trillones, a la par de Japón. Hay incontables mercados en que vender, trabajos a desempeñar, textos a traducir por personas que tengan un buen dominio del idioma (dominio, a fin de cuentas, inseparable de la comprensión cultural).

Una civilización mundial. Los idiomas encarnan la experiencia y creatividad de los pueblos. En el caso del español, esto abarca desde los antiguados legados íbero, celta, romano y germánico, además de la singular presencia rom o gitana (la palabra, derivada de “egiptano”, voz que da cuenta del paso de una porción de esa etnia errante por el Norte de África, por vía Egipto); casi un milenio de coexistencia cristiano-judío-musulmana; el primer imperio global de la historia; y, hoy, veinte sociedades multiculturales de herencia indígena, africana, europea y asiática. Como botoncito de muestra de la riqueza cultural plasmada en el español, consideremos cómo, en sociedades de fuerte mayoría cristiana, se expresa un deseo con la voz Ojalá, derivada del árabe (Inshallah).

El Caballero de la Triste Figura. El Quixote de Cervantes probablemente sea la obra de ficción más conocida y amada del mundo entero. Corona a una literatura que incluye la brillante poeta mexicana del siglo 17, Sor Juana Inés de la Cruz; ese maestro absoluto del estilo moderno, José Martí, caído en combate por la independencia de Cuba; el amado poeta chileno, Pablo Neruda; el argentino Jorge Luis Borges con sus misterios metafísicos; y los grandes relatores de nuestros tiempos, entre ellos el colombiano Garcia Marquez, el peruano Vargas Llosa, el mexicano Carlos Fuentes, la chilena Isabel Allende y Julia Álvarez d la República Dominicana.

La recuperación de la propia herencia.  Para una considerable proporción de los hispanos nacidos, o al menos criados, en EE.UU., el inglés es su lengua dominante o posiblemente único (nótese la diferencia entre las cifras de población hispana, 53 millones, y población hispanoparlante, 40 millones). Para aquellos expuestos al español en la infancia, sobre todo en el hogar (los docentes de lenguas los llaman estudiantes “de herencia”), aprender el idioma puede constituir una poderosa experiencia de recuperación de un patrimonio cultural y familiar.

Una vision de la vida.  Llegar a dominar el español es aprender otra manera de estar en el mundo, una peculiar combinación de seriedad, humor, jerarquía y dignidad. El angloparlante que lo hace, aprende a dejar de lado ese ubicuo pronombre imperial de “I” (¡único pronombre que lleva mayúscula en inglés!), adoptando en su lugar el yo, usado con mucha más moderación: el español reviste cierta modestia.  Uno aprende palabras para relaciones y costumbres que el inglés no puede nombrar: comadre y compadre para quienes apadrinan el hijo de uno, o a la inversa, tocayo para quien comparte el mismo nombre, sobremesa para ese largo y placentero rato que se pasa en la mesa conversando después de la comida. Al decir “Hasta mañana”, se agrega en muchos casos “si Dios quiere”: pequeña pero significativa reverencia lingüística ante la Deidad, o simplemente las incógnitas del porvenir.

Hay muchas rázones validas para estudiar español. Puede ser parte de la preparación para vacaciones en Cancún, o para mejor el funcionamiento de la oficina de recursos humanos de una compañía, o mil cosas más. Pero reconocer en el español una pujante fuerza económica global, una literatura que se sitúa entre las grandes del mundo y un camino a la verdadera fluidez intercultural ofrecen otras razones para estudiarlo, razones que expanden la mente y cambian la vida.

Copyright ©2013 by Pablo J. Davis. All Rights Reserved. Se reservan todos los derechos.

Se publicó una versión de este artículo en The Commercial Appeal (Memphis, TN) el viernes 27 de septiembre de 2013. Pablo J. Davis hizo sus estudios de pos-grado en Historia de América Latina en las universidades de Columbia y Johns Hopkins. Es traductor e intérprete profesionalmente certificado con larga experiencia, y especializado en traducción e interpretación legal; ofrece además entrenamiento en esos campos y en destrezas interculturales (www.interfluency.com).


Hispanic Heritage: Why Spanish Matters

La Mezquita, or Cathedral-Mosque of Córdoba, southern Spain, is considered one of the treasures of humanity and is a UNESCO World Heritage Site. Its majestic geometry embodies the encounter of Africa, Europe, and Asia that unfolded in complex ways in medieval Spain and helped shape the modern Spanish language.

La Mezquita, or Cathedral-Mosque of Córdoba, southern Spain, is considered one of the treasures of humanity and is a UNESCO World Heritage Site. Its majestic geometry embodies the encounter of Africa, Europe, and Asia that unfolded in complex ways in medieval Spain and helped shape the modern Spanish language.

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Spanish dominates foreign-language study in the US: 865,000 college students took it in 2009,  followed by French (216,000) and German (96,000). Spanish enrolls more than all other world languages combined. In K-12 public schools, the dominance is even greater: 2007-08 figures showed 6.4 million taking Spanish (72% of all foreign-language enrollment), French a very distant second at 1.3 million. Why is the “language of Cervantes” so widely studied (if not always mastered)? Here are some of the more common reasons:

A large and growing population. With around 40 million Spanish speakers, the US is exceeded only by Mexico, Spain, Colombia, and perhaps Argentina. Many see Census numbers alone as proving the importance of Spanish and making it “the language to learn.” Not to mention geography: the US shares a border with the most populous Hispanic country in the world, and millions more Spanish speakers live in the Caribbean, not far from Florida’s shores.

Community service.  Idealistic young people in substantial numbers pursue Spanish to help serve immigrant community needs such as literacy, health, legal aid, and education, or in missions of faith. In turn, those interactions often become an arena for “service learning” where classroom knowledge of the language is put to the enriching test of real-life experience.

It’s “easy”?  The perception of Spanish as easy to learn is widespread; many college students see it as a sort of “shortcut” to meeting language requirements.  It’s a half-truth: Spanish really is a marvel of grammatical and phonetic consistency, due in part to Nebrija’s 1492 Grammar (one of the earliest for a modern language) and the 1713 founding of the Royal Spanish Academy. But true mastery of the language is anything but easy to attain.

It’s “funny”? Fascination with “Spanglish”— incorporation of English words and patterns into immigrants’ spoken Spanish—treats as odd or unusual what is actually the natural result of any widespread contact between populations speaking different languages. In any case, this linguistic resource hardly amounts to a dialect, much less a separate language. Somewhat different is the popularity of “Faux Spanish”: dubious words and phrases such as “no problemo”, “perfectamundo”, “mucho macho”, or “el grande jefe” convey a playful, at times mocking, attitude towards Spanish and its speakers.

Language of labor. Many North Americans associate Spanish with poorer, often undocumented, immigrants—an understandable perception based on current media and political obsessions, and, for some people, personal experience.  Some knowledge of Spanish is useful to communicate with, and manage, laborers, in this view, but it’s not really to be considered a “serious language: the latter was actually the message a prestigious private school in Virginia explicitly placed on its website in the recent past, with the boast that for reasons of academic rigor, they proudly offered only French as a foreign language. The same unexamined premise was shared by the Amarillo, Texas family-court judge who infamously, in 1995, ordered a Mexican-born immigrant mother to stop speaking Spanish to her five-year-old daughter, on the grounds that using that language constituted “child abuse” and would condemn the girl to a future “as a housemaid.” (In each case, both school and judge, there was a later about-face in reaction to an avalanche of public criticism.)

A “quaint” culture.  It’s common to hear people express love for the culture, often in terms of salsa (cuisine) and salsa (music and dance).  Adjectives such as “colorful,” “quaint,” simple”, and “exotic” paint a Hispanic world of peasants, rural and village life, “traditions”. This view can unintentionally place Hispanic or Latino people in a primitive past, even outside of time. An associated perception sees Spanish as the language of places college students on Spring break and other tourists go to run wild, places—many of them—that the United States once conquered, occupied, or dominated. Indeed, this is the other side of the coin from language-of-manual-laborers. A long history of power relations has planted such deeply-rooted habits of thought in the dominant culture of this society.

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The reasons sampled above present quite a mix. Sincere interest in other cultures is there, as are a calling to service, faith, and love of justice. So, too, in some measure and in certain contexts, are simplistic romanticization, patronizing superiority, and power agendas.

There are also some other, crucial reasons why Spanish matters and why learning it is one of the best things you can do in the early 21st century:

A global language. Spanish now ranks second in the world in number of native speakers, with over 410 million (approximately 1 in 20 members of the human race), trailing only Mandarin Chinese. English, with over 360 million worldwide, is in third place, right behind (though it vaults into second place when we add the number of people who speak it as a second language). Portuguese, which I like to call Spanish’s “fraternal twin”—English has no such closely-related living language—has over 220 million native speakers, mostly in rising economic powerhouse Brazil; Spanish speakers can understand Portuguese to a considerable degree and have an automatic head-start in learning that language.

Economic power. The US’s 53 million Hispanics (1 in 6 people!) spend some $1.3 trillion annually; Spanish-speaking countries’ combined GDP, $3.4 trillion, equals industrial giant Germany (add sister nation Brazil, and the resulting grand total of $5.9 trillion matches Japan). There are countless markets to sell to, jobs to be done, and texts to be translated, by people who have significant mastery of the language (a mastery inseparable, in the end, from cultural understanding).

A world civilization.  Every language bears witness to a people’s experience and creativity.  For Spanish that includes ancient Iberian, Celtic, Roman, and Germanic legacies, as well as the unique Rom or “Gypsy’ presence (Spanish gitanos, a word derived from egiptanos and bearing witness to the passage of part of that wandering people into North Africa via Egypt); a near-millennium of Christian-Jewish-Muslim coexistence (albeit later shattered by crusades, expulsions, and inquisition); the world’s first global empire; and, today, twenty multicultural societies of indigenous, African, European, and Asian heritage.  Just one example of the cultural richness that Spanish embodies: in societies viewed as overwhelmingly Christian, one says ¡Ojalá! (Arabic Inshallah) for “I hope so!”

The Knight of the Woeful Countenance. Likely the world’s best-known and loved work of fiction, Cervantes’s Don Quixote crowns a literature that includes the brilliant 17th-century Mexican poet Sor Juana Inés de la Cruz; the greatest of modern stylists, José Martí, who died fighting for Cuban independence; Chile’s beloved poet Pablo Neruda, Argentina’s Jorge Luis Borges with his metaphysical mysteries, and master storytellers of our lifetime like Colombia’s García Márquez, Peru’s Vargas Llosa, Mexico’s Carlos Fuentes, Chile’s Isabel Allende, Julia Alvarez of the Dominican Republic.

Recovering one’s own heritage.  Significant numbers of US-born (or raised) Hispanics are English-dominant, even monolingual (note that the Hispanic/Latino population, at 53 million, is larger than the Spanish-speaking figure of roughly 40 million). For “heritage learners,” as the language-teaching profession calls those who grew up with significant home exposure to Spanish, learning it can be a powerful reclaiming of family and cultural legacy.

An outlook on life.  To master Spanish is to learn another way of being in the world, a peculiar combination of seriousness, humor, hierarchy, and dignity. The native English speaker learns to tuck away that ever-present, imperial pronoun “I” (the only one English capitalizes!), taking on a more sparingly-used yo: Spanish embodies a certain modesty.  One learns words for relationships and customs English can’t name: compadre or comadre if you’re their kid’s godparent, tocayo if you share the same name, sobremesa for staying at the table talking after a meal.  Saying “Nos vemos mañana” (See you tomorrow), one often adds “…si Dios quiere” (God willing): a small linguistic bow to the Deity, or simply to life’s unknowns. There are many valid reasons to learn Spanish; it’s fine as preparation for a Cancun vacation or to improve a company’s HR.  But recognizing Spanish as a global economic force, a major world literature, and an avenue for genuine intercultural fluency offers a range of other motivations for a pursuit that can turn out to be be mind-expanding, even life-changing.

Copyright ©2013 by Pablo J. Davis. All Rights Reserved.

A version of this article was published by The Commercial Appeal (Memphis, TN) on Fri., Sep. 27, 2013. Pablo J. Davis received his graduate training in Latin American History at Columbia and Johns Hopkins Universities, and is a longtime professionally certified translator and interpreter, as well as trainer in those fields as well as in intercultural awareness and skills (www.interfluency.com). He is currently studying law as a member of the Class of 2017 at the University of Memphis Law School

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