Drinking a unique toast

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Dear reader,

In this season, many a glass is raised and “toasts” offered. The word seems to come from an old custom of using spiced toast to flavor wine; by extension it meant the person whose health was saluted.

Kroyer Peder Severin 'Hip Hip Hurrah!' 1888

Peder Severin Kroyer, Hip, Hip, Hoorah! (1888).

In Spanish it’s brindis, one of that language’s rare Germanic (as opposed to Latin) roots. From Ich bring dir “I bring you”—i.e., good wishes. (The verb brindar is “to offer, provide”.)

“To your health!” or variants thereof may well be the world’s most popular toast; Span. ¡Por su salud! or simply ¡Salud! and Fr. A votre santé! are close equivalents.

Toasts can be intricate, as in the legendary old Irish blessing: “May the road rise up to meet you. May the wind be always at your back. May the sun shine warm on your face, the rains fall soft on your fields and until we meet again, may God hold you in the palm of his hand.”

But where drinking and poetry intersect, it’s hard to beat William Oldys’s 18th century “anacreontic” (poetic term for a drinking song), “The Fly”:

Busy, curious, thirsty fly!
Drink with me and drink as I:
Freely welcome to my cup,
Couldst thou sip and sip it up:
Make the most of life you may,
Life is short and wears away.

Both alike are mine and thine
Hastening quick to their decline:
Thine’s a summer, mine’s no more,
Though repeated to threescore.
Threescore summers, when they’re gone,
Will appear as short as one!

The empathy and fraternity with a tiny fellow mortal: how moving, how gently expressed! And likely inspired by a real fly on the edge of the poet’s glass.

¡Buenas palabras!
Pablo

 

Pablo J. Davis is an attorney, translator, and historian. A version of this essay was originally published in the Dec. 24-30, 2017 issue of La Prensa Latina (Memphis, Tennessee, USA) as No. 262 of the weekly, bilingual column “Mysteries & Enigmas of Translation” [Misterios y Enigmas de la Traducción].

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Un brindis único

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Querida lectora o lector,

Es época de levantar copas y ofrecer brindis. En inglés: toast, lo que significa principalmente “tostada”. En su acepción de “brindis” parece proceder de la antigua costumbre de saborizar el vino con tostadas de especias, y también podía referirse a la persona por cuya salud se brindaba.

Kroyer Peder Severin 'Hip Hip Hurrah!' 1888
Peder Severin Kroyer, Hip, Hip, Hoorah! (1888).

La voz “brindis” es una de las muy pocas en español de origen germánico, en vez de latín. Viene de Ich bring dir, “Yo te traigo”.

“¡Por su salud!” o “¡Salud!” probablemente sea el brindis más popular del mundo. En inglés, To your health! y en francés, A votre santé!

Los brindis pueden ser muy elaborados, como esta legendaria bendición irlandesa: “Que el camino se allane a su encuentro. Que el viento siempre le sople por la espalda. Que el sol le acaricie el rostro, la lluvia caiga suavemente sobre sus campos… y hasta la próxima, que el Señor lo mantenga en la palma de su mano.”

Pero es difícil sobrepasar el “anacreóntico” (canción de taberna) de William Oldys, del siglo XVIII inglés—la traducción al español a cargo de este servidor:

Mosca sedienta y audaz
Bebe, sírvete en paz
A mi copa, bienvenida
Toma todo lo que quieras
Aprovecha el momento
Que la vida es breve y fugaz.

Tu vida cual la mía igual
Corre hacia su final
La tuya un verano dura
La mía, sesenta con holgura.
Mas sesenta años cuando se hayan ido
Cual uno solo parecerán.

Hermosas, la compasión y hermandad que derraman estos versos hacia un pequeño compañero en la mortalidad. Seguro que inspiradas en una mosca real posada en el borde de la copa del poeta.

Good words!
Pablo

Pablo J. Davis es abogado, traductor e historiador. Una versión de este ensayo se publicó originalmente en la edición del 24 al 30 de diciembre 2017 de La Prensa Latina (Memphis, Tennessee, EEUU) como la entrega nro. 262 de la columna bilingüe semanal “Misterios y Enigmas de la Traducción” [Mysteries & Enigmas of Translation].

The violent alienation of “ajeno”

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Dear reader,

Recently your faithful servant stumbled across a recording of a song he had heard from time to time, but has now had a chance to listen to closely. It is a jewel. Beautiful… but painful. Composed by César Calvo, sung in the bell-like tones of Susana Baca, leading exponent of Peru’s Afro musical traditions: “María Landó” is a hypnotic chant evoking the back-breaking, mind-numbing, and most of all soul-deadening work that is the title character’s lot in life. And still that of most of our kind, humankind.

After singing of dawn breaking with its wings of light over the city… and noon with its golden bell of water… and night with its long goblet lifted to the moon… the lyric turns to María “who has no time to lift her eyes, her eyes wracked by lack of sleep, by sorrows… María who has no dawn, no noon or night… For María there is only labor, only labor and more labor… y su trabajo es ajeno: her labor is not her own.”

What power, what violence, what understanding of the world is compressed into that single word ajeno “belonging to another or others, alien, foreign, unfamiliar.” Its root, Lat. alienus, also yields Engl. “alien.” (Think of how the latter word is applied to immigrants.)

Argentina’s incomparable troubador Atahualpa Yupanqui sang of the exhausted herdsman driving cattle in the hills: “Las penas y las vaquitas/ se van por la misma senda./ Las penas son de nosotros,/ las vaquitas son ajenas” (Sorrows and cattle/ moving along the same trail/ The sorrows are our own,/ the cattle belong to another).

The Roman playwright Terence gave us this moving expression of compassion, of solidarity with all our fellow mortals: Homo sum, nihil humani me alienum est—I am human, and nothing that is human is alien to me.

¡Buenas palabras!

Pablo

Pablo J. Davis, Ph.D., CT, J.D., is a historian, translator, and attorney. The essay above was originally published in La Prensa Latina (Memphis, Tennessee) in the Nov. 20-26, 2017 issue, as No. 257 of the weekly, bilingual column “Mysteries & Enigmas of Translation” [Misterios y Enigmas de la Traducción].

“Ajeno” y su violencia

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Querida lectora o lector,

No hace mucho este servidor se topó con una grabación musical que había oído de cuando en cuando, pero que en estos días ha podido escuchar detenidamente. Es una joya, hermosa pero dolorosa. Composición de César Calvo, en la voz franca y pasional de Susana Baca, titana del canto afro-peruano: un cántico hipnótico, evocación del trabajo incesante, agotador y embrutecedor al que se ve condenada por las circunstancias una tal María—“María Landó”. Destino aún de la mayoría de la humanidad.

Tras el lirismo de la primera estrofa, que canta a la madrugada con sus “alas que se dispersan por la ciudad”, el mediodía con su “campana de agua de oro” que ahuyenta la soledad y la noche que “levanta su copa larga” a la luna—volcamos la mirada hacia María que “no tiene tiempo de alzar los ojos rotos de sueño”, para quien no hay ni madrugada ni mediodía ni noche sino tan sólo trabajo, incesantemente trabajo y más trabajo: “María de andar sufriendo/ sólo trabaja/ María sólo trabaja/y su trabajo es ajeno…”

¡Cuánto poder, cuánta violencia, cuánta comprensión del mundo, encierra esa sola palabra “ajeno”…! El inglés no logra decir lo mismo con locuciones como belonging to another “que pertenece a otro”. (Y no olvidar las duras connotaciones de “alien” por “inmigrante”.)

El gran trovador argentino Atahualpa Yupanqui una vez cantó: “Las penas y las vaquitas/ se van por la misma senda/ Las penas son de nosotros,/ las vaquitas son ajenas”.

El dramaturgo romano Terencio nos legó esta conmovedora expresión de la compasión, de la solidaridad para con nuestros prójimos: Homo sum, nihil humani a me alienum est: Soy humano, y nada de lo humano me es ajeno.

Good words!

Pablo

Pablo J. Davis, Ph.D., CT, J.D., es historiador, traductor y abogado. Este ensayo se publicó originalmente en La Prensa Latina (Memphis, Tennessee, EEUU) en la edición del 20 al 26 de noviembre 2017, como la entrega nro. 257 de la columna bilingüe semanal “Misterios y Enigmas de la Traducción” [Mysteries & Enigmas of Translation].

El caso de la caída

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 Querida lectora o lector,

¨Todo lo que sube, baja”. Es un cliché nomás, algo que se dice–¡pero cuánta sabiduría encierran esas cinco palabras! (En inglés son seis: What goes up must come down.)

caida-fall-sign-cartel-peligro-dangerResulta que este acto tan sencillo (si podemos llamar “acto” a algo causado o impuesto por la gravedad) permea el lenguaje de modo profundo y a veces inesperado.

“Chance” (chance en inglés, que se pronuncia “chans”) expresa suerte, riesgo, azar, oportunidad. Por vía del francés nos llega desde el latín vulgar: cadentia, cuyo infinitivo cadere nos da “caer” (en inglés: fall, pronunciado “fol”, de origen germánico). En música, “cadencia” es el paso o ritmo (como el andar de una persona) pero también el modo en que una composición o sección de la misma se resuelve—cómo “cae”. De igual raíz proceden “decadencia” y “decaimiento”.

El participio de cadere, casus (como “hacer” tiene su participio “hecho”), nos da “caso” (ingl. case), una situación que require investigación y acción (tratamiento en el fuero médico; procesamiento o defensa en el legal). De casus también viene “acaso” (por “tal vez”) y “casual” (azaroso; en inglés, casual recoge el sentido de “informal” y no el de “azaroso”). En inglés los muertos y heridos (a veces se entiende sólo los muertos) en batalla son casualties, “los caídos”, o en un inglés poético, the fallen. Extrañamente, este término con su evocaciones de nobleza, tiende a restringirse a las bajas militares—a pesar de que los civiles muertos y heridas son más numerosos en la mayoría de las guerras.

Aquello que nos ocurre, en inglés poético, befalls us—nos “acaece.” Ese sentido sigue muy actual, sin embargo, aunque expresado de otra manera: en inglés se habla de how things went down (cómo resultaron o “cayeron” las cosas), se espera a ver how things fall out (cómo “caen las fichas”). Trabar amistad es fall in con amigos; la pelea entre amigos, falling out. Fall in se refiere, además, a la incorporación de una o más personas, soldados por ejemplo, a una marcha o desfile.

Uno “cae en la trampa” (en inglés, falls for a trick or falls into a trap). La pintoresca expresión caer como un chorlito usa una palabra de origen vascuense, txorl(it)o “pajar(it)o”. Pero al descubrir o descifrar la verdad, uno “cae en la cuenta”, de lo que el inglés no tiene equivalente.

Entre el comienzo y el fin de nuestra vida cuando uno “cae muerto” (ingl, drops dead), el momento más dramático tal vez sea el enamoramiento: falling in love, literalmente “caer en amor”.

De nuevo nos encontramos frente a lo misterioso del verbo “caer”, to fall: pareciera nombrar una acción voluntaria (como “caminar”, “cocinar”), sin embargo lo que expresa es la operación sobre un cuerpo de una fuerza externa: el amor, la muerte, la gravedad.

Es difícil sondear toda la profundidad de este concepto para el lenguaje y la cultura. En la perspectiva cristiana, la fatal desobediencia de Adán y Eva en el Edén causa “la  Caída” (the Fall) de la Humanidad en un estado de pecado. Es más: la Caída puede entenderse como el marco para la totalidad de la historia humana.

                   ¡Buenas palabras! Good words!  

                             Pablo

Copyright  ©2016 by Pablo J. Davis.  Se reservan todos los derechos. Una anterior versión de este ensayo apareció originalmente en la edición del 11 al 17 de diciembre 2016 de La Prensa Latina (Memphis, Tennessee), como la entrega número 210 de la columna semanal bilingüe “Misterios y Engimas de la Traducción/Mysteries and Enigmas of Translation”.  Pablo Julián Davis, PhD, CT es Traductor Certificado por la ATA (American Translators Association), inglés>español, e Intérprete Certificado por los Tribunales del Estado de Tennessee inglés<>español, además de entrenador en los campos de la traducción, interpretación y competencia transcultural. Es doctor en Historia de América Latina por la Universidad de Johns Hopkins, y actualmente candidato al Juris Doctor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Memphis (mayo 2017).

El presidente electo… ¿o elegido?

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Querida lectora o lector,

Para cuando estas líneas (escritas el domingo) le alcancen, las elecciones ya habrán concluído. Y salió todo tal como yo sabía. Lo que me recuerda a la feliz ocurrencia de Dizzy Dean, lanzador de los Cardenales de San Luís antes de la Serie Mundial de 1934 contra Detroit: “Esta serie ya está ganada”, sentenció—para luego agregar, “aunque no sé por cuál de los equipos”.

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Así que, mientras usted lee esto, ya habrá un presidente electo, o presidenta electa (en inglés: president elect). Pero, ¿por qué decimos “electo/a” en vez de “elegido/a”? La respuesta está en la gramática de los participios.

El participio débil se forma agregando un sufijo, típicamente “ado” o “ido”, a la raíz del verbo. Así “habíamos visitado Colombia” o “he hablado con la directora”. En inglés el sufijo débil, por lo general, es -ed (I’ve always walked to work, “siempre he caminado al trabajo”).

El participio fuerte, en cambio, altera la raíz del verbo, que queda corto y rítmicamente fuerte: en inglés seek (buscar) deviene sought, bind (atar, encuadernar) deviene bound. (En la gramática germánica, que es la que predomina en inglés, no se habla de participios débiles y fuertes, como en la gramática derivada del latín, sino de verbos débiles y fuertes.)

En español muchos verbos tienen ambas formas (algunos verbos en inglés también, entre ellos elect). Así “elegir” da “me habían elegido” en forma débil y “presidente electo” o “presidente electa” en forma fuerte, adjetival. “He freído las papas” y “las papas ya están fritas”. El verbo latín conquirere dio el antiguo “conquerir” con participio débil “conquerido”. La forma fuerte “conquisto/conquista” lo suplantó, a tal punto que el infinitivo devino “conquistar.” “Convencer” en forma débil da “convencido” y en forma fuerte “convicto”.

De “electo” a “convicto” en una misma columna—por alguna razón, en este año 2016, no suena tan raro.

                   ¡Buenas palabras! Good words!

El doctor Pablo Julián Davis (pablo@laprensalatina.com),  Traductor Certificado (ATA) e Intérprete Certificado (Suprema Corte de Tennessee) con más de 25 años de experiencia, especializado en documentos legales y comerciales. www.interfluency.com

¡”Por” algo hay que traducir bien!

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Querida lectora o lector,

“Latinos para Trump” rezaban los carteles en la Convención del Partido Republicano esta última semana. Obviamente debería haber sido “Latinos por Trump” o “Latinos con Trump”. Quien confeccionó el cartel no se dio cuenta de que “para” no es la traducción correcta de la preposición for en la frase en inglés, Latinos for Trump. (Otra versión del cartel que se vio por ahí era más desatinada aun: “Hispanics para Trump”!)

Latinos-Hispanics para Trump

Escenas de la Convención del Partido Republicano de EEUU, celebrada en Cleveland, Ohio del 18 al 21 de julio 2016.

El significado principal de “para” es “a fin de, destinado a, para consumo o uso de”. Así decimos “papel para fotocopiadora” ó “vegetales para ensalada”. “Latinos para Trump” entonces, es como si se dijera, “Latinos a ser usados por Trump”.

Sin querer, el error comunicó otras cosas también: “Quien hizo este cartel no es latino” ó (mejor dicho) “no es hispanohablante nativo”. Peor aun: “No nos importan los latinos, sólo queremos sus votos”.

La mala traducción es veneno. Socava el mensaje de uno, lo hace quedar como tonto y transmite señales poco afortunadas—sobre todo esta: “Esto no nos importa lo suficiente como para hacerlo bien”.

Cada vez que una organización le asigna una tarea de traducción a algún empleado sin otro antecedente ni calificación que el de (presuntamente) “hablar español”, el resultado casi seguro será embarazoso o peor.  Incluso, tal vez, fatal: imagine sin más el caso de la traducción de un manual de seguridad.

¿Quién dejaría que su cuñado que “hace pinitos en cosas de electricidad” haga el cableado de su casa? ¿O que el vecino que una vez tomó un curso de primeros auxilios le opere al hígado? Sin embargo, es lo que se hace frecuentemente con la traducción (y su contraparte oral, la interpretación). Se trata de destrezas profesionales, técnicas, que exigen estudio, capacitación y experiencia. No es algo que se pueda hacer sólo porque uno “más o menos” sabe un segundo idioma—ni aun, siquiera, por el hecho de ser bilingüe.

¡Buenas palabras! Good words!  

Pablo

Copyright  ©2016 by Pablo J. Davis.  Se reservan todos los derechos. Una anterior versión de este ensayo apareció originalmente en la edición del 31 julio al 6 agosto 2016 de La Prensa Latina(Memphis, Tennessee), como la entrega número 191 de la columna semanal bilingüe “Misterios y Engimas de la Traducción/Mysteries and Enigmas of Translation”.  Pablo Julián Davis, PhD, CT es Traductor Certificado por la ATA (American Translators Association), inglés>español, e Intérprete Certificado por los Tribunales del Estado de Tennessee inglés<>español, además de entrenador en los campos de la traducción, interpretación y competencia transcultural. Es doctor en Historia de América Latina por la Universidad de Johns Hopkins, y actualmente candidato al Juris Doctor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Memphis (mayo 2017).

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